Hace unos años, cuando empezaba mi época universitaria, empecé a salir con chicos, a besar chicos, a tocar chicos y a enamorarme de chicos. Me mareé. Supongo que marearse es lo que puede pasar cuando uno empieza a descubrir el mundo, su mundo, nuevos mundos.
En este camino de descubrir emocional he amado con pasión loca y amor extraordinario y así también me han amado... y he humillado, he herido, he sido cínica, he mentido, he engañado, he sido infiel, he tenido sexo por puro placer sexual, por reciprocidad, por amor, por despecho y por idiota. He sido herida en el amor, en el autoestima, me han humillado, me han mentido, me han engañado y no sé a ciencia cierta si alguien me haya sido infiel alguna vez, pero puedo afirmar que alguna vez me fueron desleales.
Y hoy, que en el recuento de los placeres y de los dolores amorosos siento más próximos estos últimos, es cuando más fe tengo en el amor, cuando menos me provocan los besos furtivos o sin amor, cuando por primera vez en mi vida he pasado muchos días sin deseo sexual, cuando tengo más ganas de un amor bonito (que no tiene que ser pronto), cuando no he querido verme con A, un chico que fue uno de los mejores compañeros sexuales que he tenido, por no tener ganas y además porque tiene novia (el segundo factor nunca había sido relevante, salvo que la novia hubiese sido alguien de mi estima); cuando increíblemente este fin de semana pasé de besarme con M, un chico guapísimo, desinhibido, gracioso, divertido, encantador, bailarín, y super sexy porque pese a que digamos que me gustaba… no me provocaba.
No, no es que ahora sea una “chica buena”. Probablemente sólo sea una chica envejeciendo, o una chica desganada: se me hace mucha complicación meterme entre dos personas sólo por sexo (razón tenía Matilda cuando me decía que el buen sexo no es tan difícil de encontrar como se cree); porque pese a que siendo objetiva, seguramente en unas semanas me arrepienta de no haberle dado el beso que cualquier chico como M se merece por el simple hecho de adornar el mundo con su presencia ( :p ), ahora no tenía ganas de enredarme más el corazón, ni siquiera con algo tan simple como enredar un rato nuestras lenguas.
No, tampoco es que sienta que estoy evolucionando necesariamente en mi visión del amor, simplemente estoy redescubriéndome y procesando una versión nueva de mí, ahora que siento que estoy(no sé si soy) distinta. No tengo idea de si será un cambio temporal o permanente, sigo pensando que mi época de euforia sexual ( que me queda la duda de si lleve los galones suficientes como para ser llamada así) y de ligue estuvo genial mientras duró y que será genial si en algún momento vuelve a mi camino, que he aprendido mucho de cada cosa vivida y que me siento orgullosa de ello… pero ahora no sólo me conformo, sino que me siento plena, con mi etapa de flirt incipiente, mientras encuentro a alguien con la capacidad de remecer mi mundo, de remecer mi corazón, sin daños a terceros, ni a segundos, ni a mí.
Vuelvo a pensarlo y reparo en que son ya diez años desde que empecé la universidad y que tengo 27 y que parece que todo esto es consecuencia de que ya simplemente no tengo muchas ganas ni fuerzas para complicarme mucho la vida. Quiero complicármela y muchísimo, cuando llegue alguien por quien valga la pena hacer ese esfuerzo.
sábado, 5 de marzo de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
"No hagas cosas de pendeja, si no tienes alma de pendeja"
Me llega un sms mañanero al celular, de un número que no tenía registrado. Solo decía:
“Matilda vanidad?”
Lo leí y me recorrió un mini escalofrío. Era él. Hace cerca de un año o dos no sabía nada sobre él. Tras haberlo eliminado de mis contactos del mundo virtual, léase msn, facebook, y similares, él siempre había encontrado la forma de ubicarme igual. Incluso te creaste un perfil diferente para dar conmigo. Y aún me recuerdas, ¿y aun me saludas? Qué extraño.
No pensé responderte en ese momento. Estaba por irme a la playa con mi novio y un par de amigos, y la verdad no iba a ponerme yo misma en una situación incómoda. No sentía la necesidad de responder tampoco, pero pensaba que era mejor hacerlo eventualmente, para quedar bien y enviarle mis buenas vibras, tal como él siempre lo ha hecho.
Hoy le envío mi respuesta.
“Hola!”
Y al par de minutos me responde:
"Qué es de tu vida? me recuerdas? Estoy en Lima pero vuelvo a Barcelona mañana, hubiera sido genial verte, un beso"
Dejo pasar un rato más, y le respondo:
“Qué mostro que sigas por allá. Espero que hagas lo que estés haciendo, sigas siendo genuinamente feliz. Disfruta tu último día en Lima! cuídate mucho, un abrazo”
Y finalmente, me responde:
“Muchas gracias por tus lindos deseos mi querida Vanidad. Muchos éxitos en tu vida y por favor no te pierdas tanto. Sería genial retomar la conexión. Un beso”.
Y heme aquí, en el momento donde pienso: ¿le respondo o lo dejo ahí?
------
A Don D lo conocí por las pericias del internet allá por el año 2004 más o menos. Es curioso que las únicas veces que me dí la oportunidad de conocer a 3 hombres a través del internet, estos se volvieron personas muy especiales para mí. Él fue uno de ellos.
Este Don D era bastante particular. Todo un personaje literario. Me divertía mucho y me hacía gracia escuchar sus galanterías de todo un verdadero Don (muy chapado a la antigua, y muy atrevido a la vez). Rojo, rojísimo como él solo, le encantaba el flamenco, el rock… tan melómano que compartió conmigo muchas canciones que jamás había escuchado antes. Le gustaban los gatos, era padre de una niña chinita y rulosa, escribía versos, pero era por sobre todo muy MUY buena onda.
Intercambiábamos fotos, y definitivamente no eras guapo. Pero tenías un estilo muy pintoresco, con tu peinado a lo Jim Morrison, con muchos rulos. Para nada mi tipo. Te veía feo pero eras sin duda bastante atractivo. No por gusto tantas chicas guapas estaban contigo. Las veía en fotos contigo, así que floro no eras. Alguna vez incluso me pediste ser cómplice contigo en alguna treta virtual con ellas. Era siempre divertido y travieso conversar contigo.
Así fuimos compañeros por cerca de 4 años, sin encontrarnos ni vernos las caras directamente. Porque sabía que era peligroso, yo tenía novio en aquel entonces, y por ello prefería evitarme la fatiga (mental y emocional de ponerme yo misma en riesgo). Por circunstancias que hoy no vienen al caso, terminé con el entonces novio, y en un momento decidí verte. Sobretodo porque me habías dado la noticia de que te irías a España por Dios sabe cuánto tiempo.
Quedamos en vernos una noche, pero tú nunca te manifestaste. Me dejaste en casa con los crespos hechos, y piconísima por haberme cancelado de esa manera. Como ya estaba lista, decidí salir igual, como sea, donde sea. Y ahí encontré, a mi actual novio, dispuesto a verse conmigo en su casa. Fui a verlo, y el resto es historia. Las vueltas que da la vida, realmente.
Igual, tú te fuiste a España, y luego me pediste disculpas por la desaparecida de ese día. Yo no me hice problemas al respecto, total, ya te habías ido y no habría de qué preocuparse. Además, otros asuntos me tenían más ocupada para ese momento.
Al año de estar saliendo con mi no-reconocido-novio, las cosas nos empezaron a ir un tanto mal. Me celaba demasiado, sentía que me absorbía, peleábamos mucho. De pronto un día el Don retoma contacto conmigo, contándome que estaba unos días por Lima. Quedamos en vernos, finally. Mentí a mi chico, y le dije que saldría con mis amigas esa noche. Días antes, él me había estado preguntando por el Don… que si aun tenía contacto con él, que si lo pensaba ver alguna vez en mi vida.
No quiero entrar en detalles de cómo fue esa noche, porque me carga la conciencia terriblemente. Nunca me pensé dispuesta a hacer lo que hice, y nunca pensé que mi chico fuera a tener tamaña reacción de averiguar el número celular del Don, llamarlo esa noche y pedirle que me pase conmigo. Fue la peor situación, la más tenebrosa y espantosa de todas. Me sentí pésimo, pero igual dejé que el Don me plantara sus buenos besos. ¿Por qué? Pues no lo sé. Simplemente no la pensé mucho, y dejé que pase.
Después de esa noche, tuve que tomar la decisión de perder el contacto con él. Porque era lo más sano, y lo más justo para todos. Pero él no se quiso ir tan fácilmente. Varias veces me enviaste correos, que yo respondí explicándote el por qué de mi desaparición, y me dijiste que tenías envidia, pero de la buena, de ver cómo cuidaba mi relación actual con mi novio, y que comprendías y que me deseabas –como siempre- lo mejor para mí, y que sea feliz por sobre todas las cosas. Y que respetabas mi alejamiento, pero que no lo haga por mucho tiempo. En algún correo después me decías que ya estuvo bueno y ya habías expiado suficiente tus culpas, no? Y que no me pierda. Y así fui dejándote de responder.
------
A un día de celebrar mis 4 años con mi novio, y leerte así de pronto, creo que ha sido una señal extraña. Como para revalorar todo lo que mi novio tuvo que hacer para perdonar, y dejar pasar. No solo tuvo que esperarme una vez, me esperó por cerca de año y medio, con mis indecisiones y mis reproches, y mis besos a otro(s).
Y heme aquí, feliz y enamorada hasta el tuétano, a pesar de las broncas del día a día, y aprendiendo del amor real, el de a de veras, el que va a estar conmigo por el resto de mis días, y del cual me siento tan orgullosa.
No es necesario que te envíe un sms más.
Que te vaya bien mi querido Don, que sigas enamorando con ese estilo tan divertido y refinado. Que sigas luchando por tus ideas rojas, que sigas siendo activista y que sigas protestando y filosofando en este país y en los continentes que te acojan. Que los buenos vinos y los piscos aromaticen siempre tu tan deliciosa voz (¡qué voz la tuya, maldición!), y que sigas cantando con tu chamaca de cuero desgastada. Que sigas mostrándole el mundo a tu niña, a la que tanto amas y que guarda detrás una historia de amor tan bonita y bizarra como la que tuviste con su madre. Que sigas viendo lo sui generis en aquellas chicas comunes y corrientes, como hiciste conmigo, dándoles cumplidos y haciéndolas sentir guapas y únicas, aunque ellas no se sientan igual de extremas o especiales que tú. Que no me olvides.
“Matilda vanidad?”
Lo leí y me recorrió un mini escalofrío. Era él. Hace cerca de un año o dos no sabía nada sobre él. Tras haberlo eliminado de mis contactos del mundo virtual, léase msn, facebook, y similares, él siempre había encontrado la forma de ubicarme igual. Incluso te creaste un perfil diferente para dar conmigo. Y aún me recuerdas, ¿y aun me saludas? Qué extraño.
No pensé responderte en ese momento. Estaba por irme a la playa con mi novio y un par de amigos, y la verdad no iba a ponerme yo misma en una situación incómoda. No sentía la necesidad de responder tampoco, pero pensaba que era mejor hacerlo eventualmente, para quedar bien y enviarle mis buenas vibras, tal como él siempre lo ha hecho.
Hoy le envío mi respuesta.
“Hola!”
Y al par de minutos me responde:
"Qué es de tu vida? me recuerdas? Estoy en Lima pero vuelvo a Barcelona mañana, hubiera sido genial verte, un beso"
Dejo pasar un rato más, y le respondo:
“Qué mostro que sigas por allá. Espero que hagas lo que estés haciendo, sigas siendo genuinamente feliz. Disfruta tu último día en Lima! cuídate mucho, un abrazo”
Y finalmente, me responde:
“Muchas gracias por tus lindos deseos mi querida Vanidad. Muchos éxitos en tu vida y por favor no te pierdas tanto. Sería genial retomar la conexión. Un beso”.
Y heme aquí, en el momento donde pienso: ¿le respondo o lo dejo ahí?
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A Don D lo conocí por las pericias del internet allá por el año 2004 más o menos. Es curioso que las únicas veces que me dí la oportunidad de conocer a 3 hombres a través del internet, estos se volvieron personas muy especiales para mí. Él fue uno de ellos.
Este Don D era bastante particular. Todo un personaje literario. Me divertía mucho y me hacía gracia escuchar sus galanterías de todo un verdadero Don (muy chapado a la antigua, y muy atrevido a la vez). Rojo, rojísimo como él solo, le encantaba el flamenco, el rock… tan melómano que compartió conmigo muchas canciones que jamás había escuchado antes. Le gustaban los gatos, era padre de una niña chinita y rulosa, escribía versos, pero era por sobre todo muy MUY buena onda.
Intercambiábamos fotos, y definitivamente no eras guapo. Pero tenías un estilo muy pintoresco, con tu peinado a lo Jim Morrison, con muchos rulos. Para nada mi tipo. Te veía feo pero eras sin duda bastante atractivo. No por gusto tantas chicas guapas estaban contigo. Las veía en fotos contigo, así que floro no eras. Alguna vez incluso me pediste ser cómplice contigo en alguna treta virtual con ellas. Era siempre divertido y travieso conversar contigo.
Así fuimos compañeros por cerca de 4 años, sin encontrarnos ni vernos las caras directamente. Porque sabía que era peligroso, yo tenía novio en aquel entonces, y por ello prefería evitarme la fatiga (mental y emocional de ponerme yo misma en riesgo). Por circunstancias que hoy no vienen al caso, terminé con el entonces novio, y en un momento decidí verte. Sobretodo porque me habías dado la noticia de que te irías a España por Dios sabe cuánto tiempo.
Quedamos en vernos una noche, pero tú nunca te manifestaste. Me dejaste en casa con los crespos hechos, y piconísima por haberme cancelado de esa manera. Como ya estaba lista, decidí salir igual, como sea, donde sea. Y ahí encontré, a mi actual novio, dispuesto a verse conmigo en su casa. Fui a verlo, y el resto es historia. Las vueltas que da la vida, realmente.
Igual, tú te fuiste a España, y luego me pediste disculpas por la desaparecida de ese día. Yo no me hice problemas al respecto, total, ya te habías ido y no habría de qué preocuparse. Además, otros asuntos me tenían más ocupada para ese momento.
Al año de estar saliendo con mi no-reconocido-novio, las cosas nos empezaron a ir un tanto mal. Me celaba demasiado, sentía que me absorbía, peleábamos mucho. De pronto un día el Don retoma contacto conmigo, contándome que estaba unos días por Lima. Quedamos en vernos, finally. Mentí a mi chico, y le dije que saldría con mis amigas esa noche. Días antes, él me había estado preguntando por el Don… que si aun tenía contacto con él, que si lo pensaba ver alguna vez en mi vida.
No quiero entrar en detalles de cómo fue esa noche, porque me carga la conciencia terriblemente. Nunca me pensé dispuesta a hacer lo que hice, y nunca pensé que mi chico fuera a tener tamaña reacción de averiguar el número celular del Don, llamarlo esa noche y pedirle que me pase conmigo. Fue la peor situación, la más tenebrosa y espantosa de todas. Me sentí pésimo, pero igual dejé que el Don me plantara sus buenos besos. ¿Por qué? Pues no lo sé. Simplemente no la pensé mucho, y dejé que pase.
Después de esa noche, tuve que tomar la decisión de perder el contacto con él. Porque era lo más sano, y lo más justo para todos. Pero él no se quiso ir tan fácilmente. Varias veces me enviaste correos, que yo respondí explicándote el por qué de mi desaparición, y me dijiste que tenías envidia, pero de la buena, de ver cómo cuidaba mi relación actual con mi novio, y que comprendías y que me deseabas –como siempre- lo mejor para mí, y que sea feliz por sobre todas las cosas. Y que respetabas mi alejamiento, pero que no lo haga por mucho tiempo. En algún correo después me decías que ya estuvo bueno y ya habías expiado suficiente tus culpas, no? Y que no me pierda. Y así fui dejándote de responder.
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A un día de celebrar mis 4 años con mi novio, y leerte así de pronto, creo que ha sido una señal extraña. Como para revalorar todo lo que mi novio tuvo que hacer para perdonar, y dejar pasar. No solo tuvo que esperarme una vez, me esperó por cerca de año y medio, con mis indecisiones y mis reproches, y mis besos a otro(s).
Y heme aquí, feliz y enamorada hasta el tuétano, a pesar de las broncas del día a día, y aprendiendo del amor real, el de a de veras, el que va a estar conmigo por el resto de mis días, y del cual me siento tan orgullosa.
No es necesario que te envíe un sms más.
Que te vaya bien mi querido Don, que sigas enamorando con ese estilo tan divertido y refinado. Que sigas luchando por tus ideas rojas, que sigas siendo activista y que sigas protestando y filosofando en este país y en los continentes que te acojan. Que los buenos vinos y los piscos aromaticen siempre tu tan deliciosa voz (¡qué voz la tuya, maldición!), y que sigas cantando con tu chamaca de cuero desgastada. Que sigas mostrándole el mundo a tu niña, a la que tanto amas y que guarda detrás una historia de amor tan bonita y bizarra como la que tuviste con su madre. Que sigas viendo lo sui generis en aquellas chicas comunes y corrientes, como hiciste conmigo, dándoles cumplidos y haciéndolas sentir guapas y únicas, aunque ellas no se sientan igual de extremas o especiales que tú. Que no me olvides.
NOTA:
Termino de escribir esto, y mi celular empieza a sonar.
Me está llamando.
Pero no contesto, soy así de maricona.
Sí, maricona y prudente.
Ay no.
Me ha dejado un mensaje de voz.
Qué nervios, no quiero escucharlo.
No era mensaje,
solo habia dejado correr la contestadora. Jajajaja.
Gracias por todas las bulerías y canciones divertidas como esta.
Que tengas buen viaje Don!!!
viernes, 11 de febrero de 2011
La paz y amor, la contestataria, la no sabe/no opina, y la pendeja
Esas fueron mis primeras impresiones con ustedes!
A Mariana la veía sentada en el salón de la universidad. Me llamó la atención porque creo que nunca había visto a una chinita con cabello tan largo, marroncito y con rulos!!! No rulos tupidos, sino más bien ondas desordenadas. Me daban ganas de hacerle trenzitas o algo, me encantaba su cabello. Y se le veía tan onda peace and love, relajada con sus blusitas blancas hippie style, con sus audífonos puestos y walkman en mano.
Rafaela, en cambio, tenía un estilo súper distinto al de Mariana. Y me parecía gracioso verlas a ellas dos siempre sentadas juntas, porque el contraste era fuerte. Rafaela tenía el cabello negro azabache, lentes de carey negro, gruesos, y ropa negra (máximo de color verde, pero nunca verde chillón, más tipo verde oliva). Expresión facial: neutral. No tenía cara de molesta, pero sí de… inconforme. No sé como explicarlo. “Carajo esta se jura Daria!”, pensé.
Lucía llegó a mi vida caminando por un pasadizo de la universidad, mientras yo estaba sentada en el suelo con Mariana y Rafaela. Venía caminando, con su típica cola de caballo, con los medios rulos que se escapaban por su frente… ojos dormilones, pestañas enormes, una camiseta suelta, look relajado. Me cayó bien. No hablaba mucho, pero me cayó bien a la primera. Cosa que me pasaba con muy pocas personas.
Y Frankie, mi escandalosa Frankie la veía al comienzo de cuando en cuando, cuando había los huecos entre clase y clase. Me estresaba que fuera tan bullanguera, no puedo mentirles. Siempre metiendo bromas picaronas, o sorprendiéndome con un palmazo en el culo. Toda empatadita con sus jeans y sus blusitas pegaditas. No era flaca, tampoco gorda. Estaba power.
Creo que si nos vemos ahora, 10 años después, las descripciones de cada una debieran de ser muy distintas a esto. ¿O no? :P
A Mariana la veía sentada en el salón de la universidad. Me llamó la atención porque creo que nunca había visto a una chinita con cabello tan largo, marroncito y con rulos!!! No rulos tupidos, sino más bien ondas desordenadas. Me daban ganas de hacerle trenzitas o algo, me encantaba su cabello. Y se le veía tan onda peace and love, relajada con sus blusitas blancas hippie style, con sus audífonos puestos y walkman en mano.
Rafaela, en cambio, tenía un estilo súper distinto al de Mariana. Y me parecía gracioso verlas a ellas dos siempre sentadas juntas, porque el contraste era fuerte. Rafaela tenía el cabello negro azabache, lentes de carey negro, gruesos, y ropa negra (máximo de color verde, pero nunca verde chillón, más tipo verde oliva). Expresión facial: neutral. No tenía cara de molesta, pero sí de… inconforme. No sé como explicarlo. “Carajo esta se jura Daria!”, pensé.
Lucía llegó a mi vida caminando por un pasadizo de la universidad, mientras yo estaba sentada en el suelo con Mariana y Rafaela. Venía caminando, con su típica cola de caballo, con los medios rulos que se escapaban por su frente… ojos dormilones, pestañas enormes, una camiseta suelta, look relajado. Me cayó bien. No hablaba mucho, pero me cayó bien a la primera. Cosa que me pasaba con muy pocas personas.
Y Frankie, mi escandalosa Frankie la veía al comienzo de cuando en cuando, cuando había los huecos entre clase y clase. Me estresaba que fuera tan bullanguera, no puedo mentirles. Siempre metiendo bromas picaronas, o sorprendiéndome con un palmazo en el culo. Toda empatadita con sus jeans y sus blusitas pegaditas. No era flaca, tampoco gorda. Estaba power.
Creo que si nos vemos ahora, 10 años después, las descripciones de cada una debieran de ser muy distintas a esto. ¿O no? :P
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